LA NECESIDAD DE FORMARSE PARA SER ENTRENADOR DE FÚTBOL.

Autor: Adriá Calveras.

En los últimos años, se está otorgando cada vez más importancia a la formación de los entrenadores de fútbol base. No obstante, queda mucho camino por recorrer en este aspecto. 

Garantizar la calidad de la enseñanza y de la formación deportiva empieza a constituirse como una obligación en primera instancia de la escuela y también, de cualquier club o escuela de fútbol para así cumplir con el derecho a una buena educación deportiva, derecho del que deben gozar los niños, niñas y jóvenes de cualquier país, entidad y sector social, ya que influye y mucho en el ámbito de la salud. 

La velocidad a la que se desarrolla el mundo del fútbol fuerza a los entrenadores a la actualización de sus saberes. El entrenador de hoy ya no es dueño de la verdad ni del saber absoluto. Esa transformación es uno de los desafíos más grandes que afronta el fútbol, donde aparece la necesidad de profesionalizar a un sector que históricamente estaba acostumbrado a reproducir saberes elaborados por otros. Para eso resulta imprescindible poner la mirada en la formación de los mismos, para su continua evolución.

Para llegar a ser un buen entrenador de fútbol base, no es suficiente con la pasión por este deporte y la buena voluntad. Durante muchos años estos parecían los únicos requisitos necesarios para que una persona se pusiera a cargo, como entrenador/a, de un grupo de niños/as y jóvenes. Sin embargo, la pasión y la buena voluntad no son suficientes ya que en estas etapas, es donde se construyen las bases para poder llegar a ser algún día futbolista profesional o simplemente un deportista longevo (practicando el deporte el máximo de tiempo posible). Por este motivo, deben existir entrenadores/as formados/as que dominen los conceptos más importantes del fútbol de cada momento deportivo, especialmente en lo que se refiere a los períodos de adaptación e iniciación, los dos primeros períodos deportivos donde el desarrollo del jugador y la adhesión al deporte, están en juego.

Otro aspecto a tener en cuenta es el hecho de que no todos los entrenadores/as disponen de competencias para serlo, y más si hablamos específicamente de un equipo en el período de iniciación deportiva por ejemplo, donde la formación integral del deportista es lo más importante. Aquí, tanto entrenadores que han jugado (incluso profesional) como los que no, necesitan de un perfil adecuado, el cual además de estar muy influenciado por la personalidad (habilidades para dirigir), lo está por el grado de consciencia (tener el conocimiento-formación) del impacto que tiene en los jóvenes y la responsabilidad que recae en sus hombros. Y es que el hecho de haber sido jugador de fútbol profesional, a pesar del gran valor empírico que brinda, por sí sólo no asegura ser necesariamente un buen entrenador y por lo tanto, cómo indicamos anteriormente no puede ser tomado por sí sólo como un factor indispensable. Por ejemplo, y aunque si bien es cierto que ha habido grandes jugadores que después han sido grandes entrenadores como Johann Cruyff. No obstante, hay grandes entrenadores que no fueron jugadores excepcionales, como Rafael Benítez, José Mourinho o Arrigo Sacchi, habiendo ganado todos ellos la Champions League.

Es importante, pues, que los/las entrenadores/as, todos/as, dispongan de una formación previa referente a la educación del jugador/a y del deporte, y que sea especialista del momento deportivo de los/las jugadores/as tanto en saber qué entrenar, cuándo, cómo y porqué hacerlo de esa manera y no de otra. Para ello, se necesita formar en diversas metodologías de entrenamiento, conocerlas e implementarlas.

¿Y qué tipo de formación se ajusta mejor para el entrenador/a? Pues aquella formación que presente un contraste empírico y científico; es decir, una formación en metodologías basadas en la recolección de datos a través de la observación, la experiencia o mediante el uso de instrumentos científicos calibrados, y siempre con una base científica sólida, de referentes teóricos que justifiquen el uso, aplicación y monitoreo de estas metodologías.  Estas, aportarán orden y herramientas totalmente aplicativas a la resolución de problemas en la realidad del terreno de juego.

Así, el entrenador debe ser alguien que sepa más sobre el juego del fútbol. Pero eso no es todo. Además, debe estar dispuesto a transmitirlo, a informar a otros. Que tenga interés y cierta percepción de lo que les puede faltar a los demás y sobretodo mucha pasión. En definitiva, se puede decir que el entrenador es un modificador de deportistas, que tiene que cumplir un papel como educador, y ese papel no es otro que el de desarrollar al futbolista. El/la entrenador/a debe saber lo que tiene entre manos: entrena niños/as, jóvenes o adultos a los que él, de alguna manera, va a modelar.

En última instancia, es muy importante por parte de los entrenadores el interés por mejorar cada día y la voluntad para adquirir mayor formación. Es recomendable la asistencia a cursos, conferencias, seminarios y charlas para con ello adquirir mayor nivel en lo que realiza a diario, estando permanentemente actualizado de las nuevas corrientes pedagógicas y del conocimiento específico del deporte. Es cierto que el interés por saber más y mejorar es más intenso al principio. Por ello, es importante cuidar ese interés con el paso de los años. “Nunca se debe dejar de aprender.”

Sobre el autor: 

Adrià Calveras, forma parte de la plana docente de profesores FUTEC. Es graduado en la Universidad Central de Cataluña en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte y posee un Máster en Entrenamiento Deportivo en la Universidad Ramon Llull de Barcelona. Cuenta con amplia experiencia en entrenamiento en etapas formativas en España, Reino Unido y China. Posee titulación UEFA A por la Real Federación Española de Fútbol y se desempeña como Coordinador de Desarrollo Metodológico de los programas educativos en MBP School of Coaches.